lunes, 11 de octubre de 2010

A UN OLMO SECO


Este poema de Antonio Machado me produce cantidad de sensaciones y lo maravillo es que lo puedo leer mil veces y mil veces me emociona de una manera distinta.


A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera

viernes, 8 de octubre de 2010

Abuela Grillo

En Copacabana - Bolivia conocimos a la abuela grillo. Verlo a orillas del Lago Titicaca fue por demás conmovedor. No tengo mucho más para decir, el video lo dice todo, y lo dice bien.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

CARTAS DE FRIDA KAHLO...



Aquí algunas de las cartas que Frida Kahlo le mandaba a su gran amor, Diego Rivera.

Diego: Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y días.
Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son tuyos.

Mi Diego: Espejo de la noche. Tus ojos espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos.
Todo tú en el espacio lleno de sonidos- en la sombra y en la luz. Tú te llamarás Auxocromo el que capta el color. Yo Cromoforo- la que da color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.
Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.


viernes, 24 de septiembre de 2010

CANSANCIO


Les dejo algo de Oliverio Girondo. Para mi coequiper que anda de aventuras y yo, ya la estoy extrañando.

Cansancio


Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

martes, 21 de septiembre de 2010

Está en mí

En vísperas de mi viaje me topé con este testimonio de Galeano, quería regalarlo en forma de despedida. Hasta que vuelva y traiga el mío.

Bolivia es parte de mí. Está en mí, vaya donde vaya, ande donde ande; y yo estoy en Bolivia sin “estar estando”. Me parece fundamental el proceso que encabeza Evo Morales. No sólo para Bolivia, sino para el mundo entero, que está enfermo de racismo aunque siga siendo una enfermedad rara vez confesada.
En Bolivia tuve, hace ya muchos años, mi bautismo de fuego como escritor. Llevaba yo un buen tiempo en Llallagua, y había llegado la hora de partir. Nos pasamos toda la noche bebiendo, chicha al principio, después singani, con mis amigos mineros. Y cuando ya estaba por sonar la sirena que convocaba al socavón, me rodearon y me obligaron: “Ahora, hermanito, dinos cómo es el mar”.
Yo sabía que ellos, condenados a la muerte temprana y a la soledad de la geografía, nunca iban a ver el mar. Y yo tenía la obligación de encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos…

Eduardo Galeano

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sicarios de la Voz

Sicarios de la Voz

Un pequeño escrito sobre la opresión...

Sicarios de la voz
En mi mundo habitan unas bestias (alimañas) que buscan excomulgar la voz. Son fanáticos de los silencios y toman fuerza a través del ritual de la inquisición de las palabras.
De estas bestias hay muchas especies: las hay de altos copetes color rojo púrpura, estos son los más llamativos. También existen los que se camuflan según su medio o miedo, estos son los más sanguinarios.
Por supuesto ellos son mudos, o tal vez, sólo se niegan a decirnos cómo se llaman, por lo que desde nuestra ignorancia los llamamos “sicarios de la voz”.
En un principio convivían con nosotros, convivíamos con ellos, éramos iguales, o intentábamos serlo, nosotros (ellos no). El tiempo y el darwinismo quisieron que los sicarios de la voz se distingan cada vez más del resto de la humanidad, y aunque nunca fueron muchos (ellos no se permitirían serlo) siempre tuvieron gran potestad.
Tienen técnicas, miles, para exterminar la voz humana. Hace unos años utilizaban la amputación de las lenguas, la mutilación de ideales, luego evolucionaron a callar al enemigo con miedo (hasta dejarlo sin habla), últimamente se amparan tras la burocracia para enmudecernos.
Asalariados, auspiciados por una fiera aún peor, los sicarios de la voz nos educan, nos crían, nos manipulan, nos confiesan, nos gobiernan, nos adoctrinan. ¿Para qué? Para repudiar la voz humana, para vendarnos (para vendernos) y de a poco enlutar nuestra propia voz.
Pero según cuentan los fabuladores más románticos estas bestias le temen tremendamente a los pensamientos libres de todo estructura, a los sueños. Le temen a olvidarse un día de decirnos qué pensar, de callarnos y que en la turbulencia de la incertidumbre nos atrevamos a gritar. El grito los destruye.
Por esta razón los sicarios de la voz programan nuestra educación, cada uno somos un número, en un cronograma, en su agenda.

AS

jueves, 9 de septiembre de 2010

EL CHE HA MUERTO Y A MÍ NO ME QUEDA MÁS QUE SILENCIO....


Un Cortázar conmovido y esta carta del 29 de octubre de 1967. París


Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

Che

Yo tuve un hermano.

No nos virnos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,

Julio